El retraso en las obras es una constante en la administración pública. Ninguna se escapa a este mal endémico. Si hace unos días se publicaba en estas mismas páginas el retraso en las obras de la Casa de la Juventud, no es el único. El carril bici que unirá Alcalá con la Universidad Pablo de Olavide también se está retrasando según los plazos previstos en la licitación. Para esta obra, la Junta de Gobierno local ya ha aprobado dos ampliaciones del plazo de ejecución. Las constructoras exponen sus motivos y al Ayuntamiento no le queda otra opción que aceptar. La lluvia, la falta de materiales, problemas técnicos… En las obras siempre pasa algo. Esta en concreto no tiene una afectación directa a la vida de la gente, como sí la tiene la reurbanización de la Callejuela del Carmen, que desespera a los vecinos.

La administración local está en muchas ocasiones atada de pies y manos cuando una constructora falla. Hay que recordar también los retrasos en la reforma viaria en los Pinares de Oromana. Al final siempre sufren las consecuencias los vecinos, que tampoco pueden hacer mucho más que patalear. Si casi siempre hay retrasos, puede que los plazos estimados no sean los correctos. Por un lado, los responsables deberían trasladar expectativas reales a los afectados directos, y por otro lado exigir a las empresas el cumplimiento del contrato. De nada sirven los compromisos si no se cumplen. Posiblemente todo siga igual, porque es una realidad difícilmente transformable, y los incumplimientos sigan siendo la norma.